Cuando nos encontramos al borde y no sabemos que hacer, escuchamos voces que nos pueden confundir… Pero al oir la voz de nuestro padre recobramos la confianza y entonces podemos lanzarnos en sus brazos.
“Mi vida corría peligro, y él me libró de la muerte; me puso sobre una roca, me puso en lugar seguro”. Salmos 40:2.

